domingo, 24 de mayo de 2015

EL CENOTE SAGRADO DE CHICHÉN ITZÁ, YUCATÁN

EL CENOTE SAGRADO DE CHICHÉN ITZÁ, YUCATÁN
Rafael Cobos



En el Cenote Sagrado se han llevado a cabo dos periodos de investigación subacuática que han permitido la recuperación de abundantes materiales culturales, los cuales confirman el uso ceremonial, en especial para rituales de sacrificio, del cenote más importante de Chichén Itzá, principalmente durante el Clásico y el Posclásico.

Uno de los rasgos más distintivos de Chichén Itzá son los cenotes, y entre ellos destaca, en el centro de esta antigua ciudad, el Cenote Sagrado, también conocido como Cenote de los Sacrificios o cenote Chenkú. Éste se encuentra al final de la Calzada 1, aproximadamente 300 m al norte del Castillo, la estructura principal de Chichén Itzá. El cenote tiene 60 metros de diámetro y el espejo de agua se encuentra a 22 m; la máxima profundidad del cenote es de 13.50 metros.
La Relación de las cosas de Yucatán es uno de los documentos históricos del siglo xvi en que se alude al Cenote Sagrado. Su autor, el obispo Diego de Landa, consignó que a él se arrojaban personas vivas y diversos objetos, prácticas que los mayas continuaron realizando hasta el momento del contacto con los españoles, quienes impusieron un nuevo orden social, político, económico e ideológico.
Durante el siglo XIX, el Cenote Sagrado fue visitado por un gran número de viajeros y exploradores, quienes se maravillaron no sólo por sus dimensiones sino también por el hecho de que siviera para realizar sacrificios humanos. Estas visitas a Chichén Itzá produjeron numerosas descripciones, entre las que destacan las de Benjamin Norman y John L. Stephens. De acuerdo con Norman, la orilla del cenote pudo haber sido el lugar donde los antiguos caciques mayas susurraron palabras de amor a sus prometidas. Para Stephens, el cenote fue un punto de peregrinaje relacionado con el sacrificio humano y con ritos “supersticiosos”. A finales del siglo XIX, tomando en consideración tanto la función que Stephens le asignó como las descripciones del obispo Landa, el cenote fue reconocido como un lugar en donde se realizaban sacrificios, y se convirtió en el foco de investigaciones subacuáticas que comenzaron en 1882 y concluyeron en 1968.
Esas investigaciones pueden dividirse en dos periodos. El primero abarca de 1882 a 1909 y fueron realizadas por viajeros y exploradores, es decir, aficionados a la arqueología. El segundo comenzó en 1961 y concluyó en 1968, y se caracterizó por la intervención de arqueólogos y por procedimientos de estudio más sistemáticos.

1882-1909
En el primer periodo se efectuaron dos estudios. El primero de ellos estuvo a cargo del explorador francés Désiré Charnay, quien en 1882 intentó dragar el cenote utilizando una máquina Toselli de sondeo automático, que constaba de un cucharón tipo almeja. Este cucharón es la parte recolectora y se asemeja a dos grandes valvas que se cierran automáticamente al hacer contacto con los objetos. Sin embargo, la máquina Toselli empleada por Charnay no tuvo éxito debido a que el suelo del cenote, por debajo del agua, es muy disparejo, además de que hay una gran cantidad de piedras y troncos de árbol que forman parte de la gruesa capa de sedimento. Por lo tanto, el objetivo de Charnay de recuperar objetos del cenote resultó infructuoso y pronto desistió de sus intentos.
A principios del siglo XX, el Cenote Sagrado fue de nueva cuenta objeto de estudio y en esta ocasión correspondió al norteamericano Edward Thompson explorarlo por medio de una draga. Entre 1904 y 1907, Thompson se dedicó al dragado sistemático y encontró vasijas cerámicas, piezas de jade, obsidiana, cristal de roca, caracol y concha, piedra caliza, pedernal, madera, tumbaga, oro, textiles y restos esqueléticos que fueron ofrendados al cenote. En 1909, y debido al éxito obtenido con el dragado, Thompson cambió de técnica y utilizó el buceo con escafandra. Las inmersiones en las aguas del Cenote Sagrado también fueron exitosas, pues continuaron recuperándose objetos y restos óseos, cuyo destino final fue el Museo Peabody, en Cambridge, Estados Unidos. Esta institución patrocinó las investigaciones de Thompson en Chichén Itzá hasta 1909, año en el cual concluyeron.

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